No hay más que una vida, no hay reglas, ni juicios más que los que vos aceptes o crees para vos mismo, y cuando se acaba, se acaba, duermes por toda la eternidad. Se feliz mientras estés aquí...
viernes, 29 de octubre de 2010
Cuidarte es quererte..
No sé que pensé cuando conocí a ese pendejo. Creo que le hice un favor cuando le acepte una salida. El decía que me quería. ¿Quererme? Si me vivia mintiendo; me manejaba como queria, me tomaba de pelotuda. Pero si bien fue mucho tiempo el que estuvimos tampoco duró tanto. ¡Como me gritaba! sentia qe me amaba pero al mismo tiempo me rechazaba todo el tiempo..El sabia que lo queria, qe era demasiado para mi.. Lo qe mas lamento es haber terminado subordinada por el.
El me decía que había llegado para cambiarme la vida, que estando juntos nada ni nadie podría doblegar nuestro amor, que todo lo que hacia era por mi bien.. ¿Qué sé yo?. Fue difícil olvidar su sexo rutinario, supongo qe siempre tuvimos mucha piel; lamentablemente nunca me interezo buscar algun amante desolado, los pibes que conocia siempre me hacían sentir millonaria por un instante. La soledad se apiadó muy rápidamente de mí, convirtiéndose en la compañera más ruin que pude haber tenido en mucho tiempo. Viejos conocidos se transformaron en íntimos amigos, y con la velocidad que impone la desesperación de sentirse acompañado encontraron la forma de mantenerme al margen del destino, de hacerme dormir eternamente sin la necesidad de despertar, de sentir el mundo lejos de mis pies y muy cerca de mis manos. Descubrí que podía observar al mundo sin ser descubierto, que podía caminar por una senda diferente a la del resto de los mortales. Podía volar sin siquiera despegar y ver todo desde muy arriba.
Poco a poco me fui entregando a las delicias de ser una solitaria, alejada de los compromisos y de la estúpida definición de "persona responsable", que le coloca este sistema a toda aquella persona ocupada en malgastar su tiempo en un empleo inmundo o aburguesado en el cómodo sillón de la casa de su novio, como si eso fuese realmente la vida. Me reía de todo aquel que tan solo atinara a imaginar tan terrible disparate. ¿Eso era vida? Esto es vida!.
Nada se comparaba a un porro con las pibas, colgarte un par de horas en cualquiera o estar re-duro un fin de semana. Todo era un Flash, era como una montaña rusa lenta en la que los coches se deslizaban sin hacer ruido, donde una música suave y placentera acompañaba cada uno de los movimientos, un vuelo suave y eterno sobre un cielo plagado de inmortalidad. Pero cuando volvía, cuando me estrellaba de nuevo contra el piso, cuando las drogas se acababan y había que comprar más o bancársela, ahí comenzaban mis angustias eternas, insoportables. Odiaba dejar de volar para volver a caminar. No podía entender que disfrutar fuese compartir, que se pudiese reír sin fumar o que alguien fuese capaz de soportar la intensidad emotiva que genera la tristeza o la felicidad, sin la necesidad imperiosa de evadirla. Necesitaba escapar, pero estaba sola, sin ningún lugar a donde ir.
El tiempo pasaba y la droga iba escaseando. Yo ya no era esa, nunca lo fui. Se estaba haciendo demasiado tarde para todo. Quería un chabon, necesitaba uno. Mi mente me pedía una compañía, mi piel exigía una caricia, pero mi cuerpo me imploraba y me obligaba a buscarlo a el, no queria otro tacto que no fuera el suyo.. Debía hacer algo, tenía que dejar todo ahora, pero siempre optaba por seguir con la humillante carrera de la perdedora, la que ganaba holgadamente con el orgullo de ser "la mejor".
La mejor era volver ha estar con algun chaboncito, pero nunca me interezo, mi reasia antisociabilidad me obligaba a despreciar a todo ser humano y definitivamente en ese estado no iba a llegar a ningún lado. Estaba presa en mi misma, encerrada en mi pequeño mundo; me sobraba el espacio, pero no me sentía sola, aunque tampoco del todo acompañada. Yo podía salir de esta, una piba como yo no necesitaba más que desearlo para lograrlo, proponérselo y listo, nada más. Dejaba la falopa y ya estaba de nuevo en camino, como si nada hubiese pasado.
Dejé de tomar por un par de días, pero nada, estaba desesperada. Me encerré en casa y no salí por semanas, perdí todo tipo de contacto con el mundo exterior, aquel del que me sentía tan ajeno, pero nada. La angustia era peor que cualquier remedio casero. Pensaba en mis ratos de hipócrita lucidez como hacerlo, como huir, hasta que al fin descubrí la forma de no consumir más. Estaba seguro que si tomaba mucha, mucha y de la buena, me iba a asquear de todo, iba a ser como un empacho, nunca más necesitaría tomar, no podía fallar. Y así fue.
Fui a lo de un amigo con lo mejor de la mejor y me la tomé toda, toda, de un saque, toda junta, sin parar. No podía ni respirar, no tenía más lugar para nada. Me temblaba cada centímetro del cuerpo, empecé a sentir un rechazo interno hacia todo tipo de sustancias, tenía una sensación nauseabunda hacia todo lo que me rodeaba. Me recosté saturada y satisfecha en medio de mis ultimas alucinaciones a la espera del milagro y si no hubiese sido por ese ser encapuchado de rostro pálido y cadavérico que interrumpió mi desesperado sueño de libertad, hoy te juro que volvería con ese pendejo que una vez me dijo: “Llegué para cambiarte la vida”.
Este cuento recibió una mención literaria en el año 2000 en el Primer Concurso Nacional de Cuento Breve: "Cuidarte es quererte" precedido por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). El mismo esta incluido en un libro que lleva el nombre del concurso y es distribuido gratuitamente en charlas de prevención en distintas escuelas de Buenos Aires.
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